Los llanos próximos a Ribera se encuentran asentados sobre un tramo margoso fácilmente erosionable que ocasiona unos suelos ricos en los que antaño medraban los quejigos. Talados estos para ganar tierras, tras el abandono total del pueblo, se han convertido en la actualidad en enormes prederas que propician forraje a la cabaña ganadera de bovino y equino, principalmente. Las antiguas calles de Ribera se ven colonizadas por ortigas, cardos,yezgos y el infrecuente beleño. Su iglesia, conocida por el nombre de San Esteban, es una edificación con bóveda de cañon apuntada, cabecera recta con ventanal protogótico y espadaña románica. En el interior, se contemplan las pinturas murales de la cabecera de estilo gótico lineal, con temas religiosos diversos, como los doce apóstoles, San Lorenzo en la parrilla y San Jorge y el dragón. Los capiteles incluyen curiosas representaciones escultóricas y en la portada aparece el tema de los caballeros a pie armados para la lucha.
Las sinuosas alineaciones de chopos y fresnos definen el trazado de los numerosos arroyos , por lo general de escaso caudal, que hacia el fondo del valle se coaligan en único tramo de agua con la necesaria energia para abrise camino a través del imponente escarpe calizo que a su paso se levanta.
En la zona próxima a los arroyos y praderas se pueden contemplar a la lavandera cascadeña y a la lavandera blanca. En el río, además de la trucha, existe otra especie con gran dependencia del agua como el mirlo acuático. La tarabilla común y el pardillo común sobrevuelan las ramas de los árboles del bosque en busca del alimento y el descanso pertinente.
En nuestro recorrido encontramos un sapo común adentrándose entre los helechos, junto con pequeñas huellas de un trote esquivo de corzo, marcadas en el barro. Lástima que nadie se atrevió a besarle para que nos devolviera a la realidad tras una gratificante jornada.