La dureza del clima en el mes de Enero se convierte en protagonista de nuestros bosques, páramos y llanuras. La vegetación adquiere un período de latencia, a la espera de que las condiciones climáticas sean benignas.
El invierno norteño se convierte en una época de reposo ya que las bajas temperaturas y los vientos helados impiden cualquier desarrollo de actividad para las plantas que aguantan estoicamente el rigor de la estación
Nuestros árboles y arbustos caducifolios, desprovistos de sus hojas, aparecen mustios y aletargados a la espera de que los días transcurran. La nota discordante en este paisaje cubierto de mantos blancos y ramas dispersas, la pone el acebo. Con sus bayas rojas tiernas, que maduran en esta época, sirven de alimentos para aves y pequeños mamíferos que buscan también cobijo entre sus frondosas ramas.
Los hayedos, castañares y robledales de nuestra latitud acogen en estos inicios del año para muchos vertebrados la etapa de gestación. Comenzando un período de celo y en otros casos de partos que aumentarán la fauna que habita en estos lugares.
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