lunes, 26 de octubre de 2026

VISIONES DE ULTRAMAR: VIAJE ALREDEDOR DEL MUNDO A TRAVÉS DE LOS ÁRBOLES EXÓTICOS

El fin de semana pasado (24 y 25 de octubre) realizamos una visitas guiadas por el Parque de Dª Casilda y algunos cuadros del reinagurado Museo Bellas Artes de Bilbao.




Aprovechando la oportunidad que nos brindó la exposición “Visiones de ultramar”, del Museo, basada en cuadros y fotografías de la Colección Cisneros sobre los “Pintores viajeros”, que en el siglo XIX surcaron el gran océano, en especial, hacia el continente americano para clasificar animales y plantas y dar a conocer sus paisajes a través de sus dibujos, cuadros y primeras fotografías, iniciaremos una expedición botánica y sensorial alrededor del mundo mediante los árboles “exóticos” de Doña Casilda en la que nos guiaron Alexander von Humboldt y los espíritus de Mogaje Guihu y Búho Gris.


Mogaje Guihu (Abel Rodríguez) en muinane “Pluma resplandeciente del gavilán bajoel sol”; era un sabedor: “alguien capaz de reconocer y nombrar las plantas y susrelaciones con los animales, las personas y el territorio”

Hace unos años le oí decir a don Abel Rodríguez, uno de los más extraordinarios pintores amazónicos, indígena nonuya del medio río Caquetá, que él no pinta paisajes sino chagras. Las chagras son las huertas de larga duración que los pueblos indígenas construyen en el interior de la selva y de las cuales depende su sustento, incluyendo vivienda, alimentación y medicina.

Para un ojo no entrenado, estas chagras son prácticamente invisibles, pues lo que podría parecer mero ruido selvático, caos y marañas caprichosas creadas por el soberano antojo de la naturaleza, es en realidad un complejísimo sistema de interacciones entre especies vegetales y animales ligado a los ciclos estacionales, a las fases lunares o a los hábitos alimenticios y reproductivos de las criaturas que viven y se alimentan en esas mismas chagras. Las pinturas de don Abel Rodríguez nos muestran de manera asombrosamente clara que no hay algo así como la jungla indómita y virgen: hay una comunidad de especies propiciada en gran medida por la mano de los indios, hay un cosmos allí donde nosotros, ciegos para leer los signos del bosque, solo vemos caos. Don Abel revela con precisión botánica y zoológica qué roedores se alimentan de tal tubérculo, qué pájaros anidan en tal o cuál rama particular, de qué color son las flores de aquel árbol, qué usos medicinales tienen sus hojas, qué partes son aprovechables para la construcción de una canoa y cuál es el ciclo de rotaciones del uso del suelo en la selva.

Podemos decir, sin exagerar, que la Amazonía ha sido cuidada y hasta modelada por la intervención de estos magníficos jardineros a lo largo de milenios. Y es gracias a las personas como don Abel Rodríguez que todavía quedan bosques allí.

Hemos tardado siglos en comprender que la selva no es lo opuesto de la civilización: es, muy por el contrario, una especie de Gran Biblioteca, un laboratorio donde la vida inventa cosas nuevas cada día y los pueblos amazónicos son los bibliotecarios, los científicos que intervienen con una precisión formidable para que el laboratorio siga funcionando.

Pinturas viajeras y obscenidad del paisaje, Juan Cárdenas

Al llegar nuestro punto de partida, fue recorrer alguna de las salas  del Museo ya que la colección permanente, después de tanto tiempo, ha recuperado y ampliado su sitio. Interpretamos el “Concierto de aves” de Paul de Vos y reconocimos algunas aves que habitan los paisajes imaginarios, visiones de ultramar: papagayos, tucanes, cotorras, pavos reales, …



“El jardín” de Iturrino y sus palmeras azules nos ayudaron a la comprensión de los paisajes inventados y reales, los creados por el hombre en parques y jardines, “jardines botánicos” en contraste con la inmensidad y complejidad creativa de la Naturaleza en las selvas y bosques tropicales.

En el Parque, por la “Ruta de la pimienta” nos sumergimos en los paisajes sudamericanos a través de árboles como el Ombú o Bellasombra, el Ceibo o la Jacaranda; nos trasladamos a las Indias orientales para conocer el indestructible Alcanforero, el “Árbol de la miel” y el Gingko o “árbol de las pagodas”; el “Árbol botella”, que almacena el agua en el tronco y el “Árbol pica pica” nos llevarán a Australia; las gigantescas Sequoias o el Ciprés de los pantanos, conífera de hoja caduca, a Estados Unidos; hasta podremos distinguir los tres cedros más importantes del mundo, el del Himalaya, el del Atlas y el del Líbano.







Y concluimos la vuelta al mundo en el taller del Museo para crear nuestro propio paisaje imaginario otoñal con hojas secas y otros materiales diversos, que hayamos recogido en nuestro viaje.

 

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