lunes, 15 de septiembre de 2008

LA "CATEDRAL" DEL BOSQUE








Árboles venerables, ojala sigáis aquí
cuando yo ya no esté
para que mis descendientes continúen
disfrutando de vuestra silueta oscura
y de las criaturas y plantas que protegéis.

En cada huella de vuestra corteza
hay una batalla, una historia,
un recuerdo de la cultura del bosque,
de guerreros, peregrinos y pastores,
unidos, conmigo por vosotros.





Una de las mejores manchas de tejo de la Península Ibérica, por su extensión y por la antigüedad de sus árboles se encuentra en el municipio zamorano de Requejo de Sanabria. Forma parte de la Red Natura 2000 y esta catalogado como zona LIC (Lugar de Importancia Comunitaria).
En un rincón de la Sierra Gamoneda, un valle excavado por los glaciares y surcado por arroyos que terminan en el río Castro. A unos mil trescientos cincuenta metros de altitud. Sobre un suelo ácido con poca materia orgánica y mucha peñas de granito y pizarra.
En una ladera con una pendiente del 20%, orientada al norte, a la umbría, donde colisionan las nubes descargando la humedad. Con un clima de transición entre la Meseta y Galicia, lluvioso y con veranos secos y cálidos.
La masa forestal que compone el bosque del Tejedelo o Teixedelo la forman unos cien tejos de más mil años, según los estudios de crecimiento de la especie. Los más grandes tienen un perímetro de 8 metros y alcanzan los 13 metros de altura. Dispone también de un buen número de plantones jóvenes que garantizan la supervivencia de la especie.

Relevantes para todas las civilizaciones europeas, símbolos de la muerte, de la vida, de la eternidad, presentes en Iglesias, cementerios y plazas. Testigos de la validez de importantes tratados de amor eterno: quién no ha ECHADO LOS TEJOS a su dulcinea particular abrigado por las ramas de esta especie.



Significativo el dato referente a la temperatura que dentro del bosque se respira. Resultando la media estival de 17, 1 grado y la media invernal de 3,1 grado Porque mitiga el calor en el verano (2 o 3 grados menos durante el verano) y el hielo en el invierno ( 2 o 3 grados más en invierno), además de un 15 % más de humedad ambiental y unos mil milímetros de precipitaciones medias anuales.

Se trata de un bosque mixto dominado por el roble melojo y el abedul, intercalados con otra comunidad de árboles como acebo, serbal, avellano, sauce y cornejo. En su sombra inmensa florecen las plantas de montaña más singulares y es el refugio de
musgos y líquenes.
Entre los vegetales viven un amplio plantel de invertebrados; en las copas se escucha el canto de las aves, entre otros: zorzales, petirrojos, carboneros, arrendajos aprovechando el alimento y el refugio que les proporcionan estos árboles corpulentos. En los agujeros de las ramas de tejo nacen las martas y los gatos monteses. Los arroyos que descienden entre las peñas acogen a ranas patilargas y larvas de salamandras. En el camino es fácil descubrir rastros de corzo, zorro y jabalí. En ocasiones, el cielo se encuentra adornado por la silueta del
águila real.

El Teixidelo ha tenido tradicionalmente un aprovechamiento comunal: el domingo de ramos ataban ramas de teiso (tejo, teixu, teiju, teix, teixeiro, agina) a una vara larga, se adornaban con cintas de colores y caramelos para llevarlas a la Iglesia. Era cosa de mozos competían para ver quien la llevaba más alta y engalanada. Llegaban casi hasta al techo. A continuación, se bendecían y cada vecino dejaba una rama en la puerta o en la ventana para que libraran de los males a los lugareños y al ganado. También protegían de los rayos cuando se quemaban en la lumbre.
El tejo tiene la madera muy dura, con la posibilidad de romper las hachas. Se empleaba para la construcción de los ejes de los carros de las vacas, además de para cocinar y calentarse. El bosque era muy importante para las familias de Requejo, ya que vivían de lo que proporcionaba la tierra. Los alimentos para ellos y para su ganado, los combustibles, la ropa, los muebles, el material para construir las casas. Se trataba de un lugar de pastos, de leña y madera. También recolectaban ramas de abedul y bellotas de roble para almacenarlos como alimento invernal para corderos, cabras y ovejas. Los helechos, escobas y brezos se empleaban en las cuadras como cama para el ganado que después abonaba las fincas.
Con las cortezas de abedul se hacían cubiertas para proteger las colmenas del agua y antorchas para transitar de noche por los caminos. Para alumbrarse en las casas empleaban ramas secas de brezo, con la madera de abedul, roble y sauce se realizaban suelas de zapato, mangos de azada y vigas para levantar las casas.
Las cenizas de roble las empleaban para blanquear las camisas de lino, las ramas de serbal para engalonar el último carro de hierba. Los cólicos de los caballos se solventaban con varas de acebo, mientras que para aliviar la tos se empleaban las ramas de carqueixa y los dolores de vientre con arándanos. Testimonios recogidos en la voz y la experiencia de habitantes de la zona


Para acceder a este recóndito paraíso, basta con seguir las señales del sendero interpretativo que parte desde el parking habilitado para estacionar los vehículos. Un recorrido circular de 5 km. aproximadamente jalonado por pasarelas de madera para sortear regatos estacionales y escorrentias. Incluso, en las zonas de fuertes pendientes que conducen al mirador de Peñas del Veladero, desde donde se contempla una espectacular panorámica del bosque, escalones de madera hacen más fácil el acceso a este punto.

2 comentarios:

value stock dijo...

what happened to the other one?

myspace heart dijo...

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