lunes, 29 de marzo de 2010

DON DE LA EBRIEDAD


Por CLAUDIO RODRÍGUEZ








LA ENCINA QUE CONSERVA MÁS UN RAYO


DEL SOL QUE TODO UN MES DE PRIMAVERA


NO SIENTE LO ESPONTÁNEO DE SU SOMBRA,


LA SENCILLEZ DEL CRECIMIE NTO APENAS


SI CONOCE EL TERRENO EN QUE HA BROTADO.






CON ESE VIENTO QUE EN SUS RAMAS DEJA


LO QUE NO TIENE MÚSICA ,IMAGINA


PARA SUS SUEÑOS UNA GRAN MESETA.




Y CON QUÉ RAPIDEZ SE IDENTIFICA


CON EL PAISAJE, CON EL ALMA ENTERA


DE SU FRONDODIDAD Y DE SÍ MISMO.






LLEGARÍA HASTA EL CIELO SI NO FUERA


PORQUE AÚN SU SAZÓN ES LA DEL ÁRBOL


DÍAS HABRÁ EN QUE LLEGUE. ESCUCHA MIENTRAS


EL RUIDO DE LOS VUELOS DE LAS AVES, EL TENUE DEL PARDILLO, EL DE ALA PLENADE LA AVUTARDA, VIGILANTE Y CLARO.






ASÍ ESTOY YO. QUÉ ENCINA DE MADERA


MÁS OSCURA QUE LA DEL ROBLE,


LEVANTA MI ALEGRÍA ,TAN INTENSA


UNOS MOMENTOS ANTES DEL CREPÚSCULO


Y TAN DOBLADA AHORA. COMO AVENA


QUE SIEMBRA A VOLEO Y QUE NO IMPORTA


QUE CAIGA AQUÍ O ALLÍ SI CAE EN TIERRA,


VA EL CONTENIDO ARDOR DEL PENSAMIENTO


FILTRÁNDOSE EN LAS COSAS, ENTREABRIÉNDOLAS,


PARA DEJAR SU RSPLANDOR Y LUEGO


DARLE UNA NUEVA CLARIDAD EN ELLAS.




Y ES CIERTO, PUES LA ENCINA¿QUÉ SABRÍA


DE LA MUERTE SIN MÍ? ¿Y ACASO ES CIERTA


SU INTIMIDAD,SU INSTINTO, LO ESPONTÁNEO


DE SU SOMBRA MÁS FIEL QUE NADIE? ¿ES CIERTA


MI VIDA ASÍ, EN SUS PERSISTENTES HOJAS


A MEDIO DESCIFRAR LA PRIMAVERA?