martes, 2 de noviembre de 2010

TRAS LAS HUELLAS DE NUESTROS ANTEPASADOS


Las cuevas cántabras del Castillo, Las Monedas y el Pendo, se erigieron en protagonistas dentro de la excursión coordinada y dirigida por Joserra debido al cambio de planes previstos para esta jornada pospiendo la salida primigenia para una posterior ocasión.

Nos acercamos al pueblo cántabro de Puente Viesgo. A kilómetro y medio desde el parking del pueblo, tomando una carretera, accedimos al monte Castillo. Llegamos con tiempo suficiente para la visita guiada de la primera cueva que íbamos a visitar: El Castillo.

Previamente, hicimos un estudio de la vegetación que rodea a este monte. Observamos que en su parte alta la mano del hombre había hecho su contribución a la degradación del monte plantando eucalipto con un fin comercial. Sin embargo, en la parte media y baja, cerca del acceso a la entrada de las cuevas, la vegetación expresaba un color otoñal característico de los arces campestres, fresnos, espinos albares con las majuetas ya maduras, algunos robles albares aún verdes, helechos, zarzas, etc… lo que nos diría que en esta pequeña zona todavía puede albergar diversidad de plantas y seres vivos.

El Castillo.
Supimos que la peculiar orografía de Cantabria, repleta de cavernas, propició el asentamiento hace miles de años de hombres primitivos que expresaron su arte representando figuras de animales con una técnica y coloridos extraordinarios y que hoy en día podemos disfrutar de este arte, en magnífico estado, lo que le ha valido el reconocimiento internacional a Cantabria.

Esta cueva fue descubierta en 1903 y dentro se pueden encontrar signos de ocupaciones humanas de los últimos 150.000 años. Las paredes de su interior albergan un importante conjunto de figuras animales: ciervas, bisontes, caballos, etc…; signos y manos en negativo, representativos de la expresión simbólica de los primeros Homo Sapiens (36.000-9.000 a.C.). Los materiales empleados fueron el óxido de hierro y el carbón vegetal que la naturaleza misma les proporcionaba, convirtiendo las salas donde pintaban en verdaderos santuarios.


A 500 m. de la cueva de El Castillo se sitúa la cueva de Las Monedas. La cavidad esconde un espectáculo geológico de columnas, coladas, estalactitas, estalagmitas y discos que hacen de la visita un regalo para los ojos. Las pinturas negras, realizadas hace 12.000 años, se localizan en una pequeña sala lateral. La treintena de motivos forman un conjunto estilísticamente homogéneo de caballos, cabras, bisontes, cérvidos y renos con bastante pelo que reflejan un ambiente frío, como el que dominaba en Cantabria a finales de Paleolítico superior.

Después de reponer fuerzas y visitar la iglesia de estilo románico de Puente Viesgo, nos acercamos a la última de las cuevas que Joserra había programado para el día, El Pendo.

El Pendo.
Situada en el pueblo cántabro de Escobedo. En esta cueva se encontró un bastón de mando con forma de pez magdaliense el cual está expuesto en el Museo de Prehistoria y de Arqueología de Santander junto con otros muchos materiales como arpones perforados, conchas, dientes y piezas con grabados. Esta cueva también cobra interés por unos pocos grabados descubiertos tras limpiar las paredes oscuras de una de las salas más profundas de la cueva.

A la salida de esta última visita la lluvia fue protagonista. Ávidos de interés y de descubrir qué vegetación había en la zona, pudimos observar el colorido otoñal de los castaños jóvenes y por los erizos con sus semillas ya esparcidos por el suelo. A lo lejos, en unos prados verdes, junto a algunas vacas pastando, picoteaban varias garcetas señal de que no nos hallábamos muy lejos de la costa. Los chaparrones marcaron el fin de la excursión de contenido histórico.

Para los que la Historia en general y, la Prehistoria, en particular, tenemos olvidada, la salida ha sido un acicate para acudir a la estantería y desempolvar el libro de Historia del arte.

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