sábado, 24 de marzo de 2012

BASAJAUN NO ENCUENTRA RESPUESTAS

Rodeado de plantaciones de pinos, eucaliptos, vías rápidas y cemento, Basajaun sobrevive en uno de los últimos reductos autóctonos que aún le quedan, milagrosamente salvado por su fuerte pendiente, suelo rocoso e inhóspito del paraje.

No entiende de grandilocuencias, conceptos científico-técnicos y vocablos complejos que se plasman en ejemplares de papel, que por cierto, provienen de aquella materia prima que él se afana en defender: LOS ÁRBOLES.

Desde su privilegiada atalaya se esfuerza por comprender a quienes solicitan en instancias forales y municipales la necesidad de reforestar con árboles autóctonos, para frenar las presuntas subvenciones a las plantaciones de pino y eucalipto. Le resulta más complejo asimilar la llegada de árboles procedentes de otras latitudes, costosos por su transporte, colocación y de difícil arraigo en su lugar de destino. Traga saliva, se muerde la lengua y continua con su azada y su saco repleto de bellotas, avellanas y otros frutos del bosque en su impagada, pero fructífera faena diaria: un acebo para el gélido invierno; un roble aquí; unos sauces y alisos por allá, cercanos al arroyo; un serbal para las pequeñas aves y un diminuto plantón de fresno para que las ovejas puedan cobijarse bajo su sombra en el estío.

Su modesta visión del bosque como un ser vivo en el que todos sus miembros son necesarios y del que no conocemos ni una mínima parte de su imbricadas relaciones ni de las aplicaciones que nos pueden aportar a los humanos, que un día descendimos de los árboles.

P.D. En homenaje a la celebración el pasado miércoles del Día Forestal Mundial, todavía quedan personas que se preocupan por el entorno más cercano en el que moran. Cada vez son más, aquí en nuestro territorio histórico, pero también en  el resto de la Península Ibérica.