sábado, 24 de marzo de 2012

LA PRIMAVERA EN PEÑAS BLANCAS

 El municipio de Alonsotegui es uno de los diez que conforman la comarca vizcaína de Encartaciones.Un paraiso que sorprende por su belleza natural, una de las cuales que reproducimos a continuación. El Cordal de peñas blancas y Sasiburu.
 La encina, quercus ilex ssp. ilex convive en un ámbito de transición con el quercus ilex ssp.rotundifolia. Además del pino y el eucalipto, cultivos forestales monoespecíficos que adornan el paisaje convirtiendolo en panorámicas cansinas para la retina.
 Alonsotegui convive encajonado a ambas margenes por el corredor del cadagua, a la izq. de la fotografia, nudo de comunicaciones rápido con la meseta castellana,y a la dcha. de la misma, por el caudal del río cadagua, que en época de crecida abnega al citado municipio.
 El recorrido que aqui se describe tiene una longitud de nueve kilómetros y se puede realizar en una mañana, entre 3 y 4 horas, en función de las paradas de los caminantes. Al conformarse de forma circular permite acercanos en transporte público, bien desde Alonsotegui, o también desde Cruces en Barakaldo.El desnivel de la misma es muy accesible, apenas 401 metros de altitud.
En Peñas blancas se transita por una zona kárstica formada por agujas de piedra caliza que han aflorado tanto por la erosión como la activida minera realizada durante largos años.
Las prímulas vulgaris despuntan con alegría, vigor y poderío, nos muestran el renacer de la vida, de la nueva estacón primaveral.
 Madroños, labiérnagos, lentiscos, aladiernos y espinos albares entre otros, sirven de soporte a la zarzaparilla que trepa por el tronco para posteriormente dejarse caer, formando una cortina de espinas difícil de penetrar.
 Durante siglos, la agricultura y la ganadería fueron las actividades básicas que modelaron este paisaje. Pero con el comienzo de la era industrial y la decadencia de los caseríos,gran parte de estos terrenos fueron ocupados por cultivos forestales, principalmente de eucaliptos y pinos de Monterrey.
 La Lechetrezna rebrota camuflada por los campos y praderas en busca de sustento que le permita sobrevir en la nueva estación.
El rusco nos muestra su fruto diminuto y rojizo, rodeado de las rocas y parapetado a la sombra del encinar con el objetivo de salir adelante.
La violeta olorosa  aromatiza el paisaje a modo de una perfumería natural sin puertas que impidan el paso, sólo barreras naturales para una inmensa minoría.
La ganadería autóctona de la zona sestea en un improvisado corral en espera de mejores pastos.