martes, 30 de abril de 2013

260 AÑOS DESDE LA PUBLICACIÓN DE SPECIES PLANTARUM


El magazine que dirige los fines de semana en RNE ( antes de que siga perdiendo oyentes  la emisora) Pepa Fernández  dispone de una sección esta temporada dedicada al latín. En la misma se descubre la relevancia que esta lengua denominada muerta está todavía muy viva y presente en nuestra cultura. Valga un ejemplo de lo que comento en la  didáctica reflexión en voz alta que escribe Fernández González, Pruden, biólogo, especialista en cartografía ambiental:

Mañana, primero de mayo, los botánicos en particular y los naturalistas en general, celebraremos entre otras cosas, la publicación del libro Species Plantarum por parte del célebre naturalista sueco Carlos Linneo y que este año en particular cumple ya 260 (...como pasa el tiempo!)

En este libro se relacionaban todas las especies de plantas conocidas por aquel entonces, que no es poca cosa, pero su mayor valor estriba sobre todo en que aportaba un nuevo sistema taxonómico de ordenación y denominación de las especies: el sistema lineano. 

Poco tiempo necesitó este sistema para desbancar a otras propuestas anteriores más o menos organizadas, de forma que todas las descripciones y clasificaciones de plantas hechas hasta entonces perdieron su validez si no se trasladaban a este nuevo sistema. 

Con anterioridad a esta publicación, las descripciones tanto de plantas como de animales solían consistir en un párrafo escrito en latín en el que se resumían las principales características de la especie, pero sin unas pautas claras, de forma que cada autor describía como mejor entendía y el resultado era que descripciones que leídas no tenían mucho que ver podían referirse a una misma especie, con la confusión que esto llega a crear.



Linneo organiza el mundo vegetal en "cajones" de tamaño descendente hasta acabar en cajitas pequeñas todas colocadas en los cajones correspondientes; estos cajones son en sentido descendente Clase, Orden, Familia, Especie, Subespecie, pudiendo haber divisiones dentro de cada  cajón (subclase p.ej.) y toda esta organización se hace básicamente en función de la forma, disposición y número de las partes florales y más concretamente de los órganos reproductivos de las plantas.

Para referirse a una especie, Linneo hace desaparecer los párrafos descriptivos dejándolo en un sistema binomial compuesto por el nombre del género + el de la especie (p.ej: Ulmus + minor), pero la clave real del éxito de este sistema es que al final de este binomio se añade el nombre de la persona que describe la especie, p.ej: Ulmus minor L.; L. siempre hace referencia al propio Linneo, pero hay muchos otros autores, p.ej:Quercus orocantabrica Rivas-Martínez, Penas, T.E. Díaz & Llamas, el primero farmaceutico y fitosociólogo madrileño, el segundo y el cuarto botánicos leoneses y el tercero asturiano, todos ellos vivos aún.

Como es fácil suponer, esto de dejar uno su propio nombre escrito por ahí es una afán común a la mayoría de la humanidad, que va grabando sus nombres allá donde cree que más repercusión tendrá (en las tapias, en las estatuas, en la corteza de los árboles, encima de unas pinturas rupestres...) dejando constancia las más de las veces de su ignorancia y estupidez. 

En el caso que nos ocupa, este afán se ha visto reflejado en la multiplicación de nombres específicos dados a una misma especie por distintos autores (en el nombre del género sí suelen coincidir, faltaría más) menos mal que para publicar un nombre nuevo hay que tener recogidos una serie de pliegos de herbario con unas características señaladas de antemano, de forma que así cualquiera puede revisar esos pliegos y compararlos con otros para a acaba diciendo: pues son los mismo, pues van a ser dos subespecies distintas, o lo que sea. Un trabajo como este es el que tiene por debajo una obre enciclopédica como es Flora iberica (iberica va sin acento aquí porque es un título también en latín) en la que distintos autores (catedráticos casi todos) se reparte distintos géneros y revisan para cada uno de ellos todas la publicaciones que les hacen referencia y muchos sino todos los pliegos de herbario recogidos para esas especies, haciendo una entresaca que permite tener finalmente una estructura taxonómica bastante limpia. 

Resultado de estas revisiones son también los cambios que periódicamente se producen en los nombres de las especies en función de cual se considere la descripción original válida, cambios que nos vuelven un poco locos a todos.

En fin, que lo sepáis...