sábado, 11 de enero de 2014

HIMNO AL ÁRBOL


Fuente: del blog Andanzas de un pueblerino(noviembre, 2013)

Los que nos dedicamos a rebuscar entre los papeles viejos, a veces nos encontramos sorpresas como esta. No me resisto a publicar el himno al árbol que escribió, en la revista Montes del año 1904 (número 666...), un farmacéutico de Medina del Campo llamado D. Antonio Velázquez Alonso. Nótese la deliciosa prosa de principios de siglo, tan rimbombante. Disfruten y léanlo por ahí, en el bosque o donde sea.


"No destruyáis los árboles, pues son los amigos del hombre. 

El árbol es la alegría del corazón, algo que levanta al cielo el alma, mucho que habla de Dios en lenguaje mudo.

El árbol es compañero del caminante, defensor del perseguido, centinela de los pueblos, adorno de las ciudades, cabaña en la tempestad, toldo durante el estío, refugio durante la lluvia. El árbol es el cantor de la Naturaleza, el guía de la producción, el reflejo de la fecundidad de la madre tierra.

Presta inmensos beneficios al hombre y a los animales, y tanto el uno como los otros tienen declarada la guerra al árbol, portento y maravilla de la creación.

El árbol da al pájaro ramas para fabricar el nido; al insecto la corteza para su morada; a la abeja el néctar de las flores; al gusano de la seda, las hojas para su nutrición; al mono, la escondida nuez; a la jirafa, su verde pan; a la golondrina, posada por una noche; al pájaro-mosca, encantados salones de aterciopelados techos y esmaltados pavimentos.

Providencia del hombre, le brinda con sus hojas para que se medicine; con sus flores, para que se perfume; con sus frutos, para que se mantenga, y con su corteza para que se vista.

El árbol es el gran fabricante de jugos, resinas, gomas, colores, perfumes, principios y átomos de que la química se apodera para surtir al médico, al farmacéutico, al pinto, al perfumista y al confitero.

El árbol detiene la peste, combate contra el pantano, destruye al miasma, ahuyenta los malos efluvios, da vida, infunde alegría, limita la acción del rayo y se ofrece en holocausto a la chispa eléctrica, desafiando a las nubes en apiñado ejército precedido de batidores como el cedro poderoso, de guías como el erguido ciprés. 

El árbol es un ser vivo, con pulmones para respirar, que son las hojas; sangre que le vivifique, la savia; boca que le transmite el alimento, la raíz; con venas, con nervios, con jugo orgánico, con vida multiplicada.

Suprimid el árbol y suprimiréis la botánica, y la farmacia, y la física, y la química, y la medicina.

Suprimid el árbol, y suprimiréis la pintura y la escultura, la estética de la creación y la poesía del mundo.

Matad al árbol y mataréis al tintorero, al carpintero y al ebanista.

Arrancad el árbol, y el coloso herido de muerte lanzará un grito de amargura que irá a retumbar en los espacios de vuestra conciencia.

¿Queréis la vida? ¿Amáis la salud? ¿Late en vuestra alma el orgullo patrio? ¿Adoráis el arte?

Pues no destruyáis los árboles, que son vuestros mejores amigos."