domingo, 12 de julio de 2015

CUANDO LO CERCANO RESULTA EMBRIAGADOR

Vamos cerrando nuestro anillo particular descubriendo nobles paisajes dentro de nuestra Villa. Partiendo desde el barrio de Otxarcoaga nos dirigimos hasta el Monte Avril en un agradable recorrido de apenas 4 km. Abandonamos un entorno netamente urbano para emboscarnos en una periferia de campiña atlántica, con sus pastos, vetustos caseríos y cabañas ganaderas de vacuno y ovino durante los primeros compases. Fresnos,avellanos, algún sauce despistado, higueras y algunas parras de uvas nos escoltan a ambos margenes de la carrera que subimos con algún tramo de elevado porcentaje.

En apenas dos horas y media coronamos nuestra atalaya. La maleza cubre de forma copiosa los restos del muro defensivo de la construcción militar perteneciente al cinturón de hierro bilbaíno. En pleno descenso nos topamos con  la imagen inferior, en una clara alegoría de la vida, de lo retorcida que puede ser a veces la Naturaleza y nuestros destinos. Simbolizada por medio de este longevo árbol que se resiste a caer, colonizado por otras especies.


Otras sorpresas más agradables  fueron este ejemplar de olmo, que alguien decidió plantar a un lado del camino: con cierto fuste, vigor y brotes de ramas tiernas juveniles que le auguran un excelente porvenir. Alejado de la grafiosis que tanto daño a hecho a esta especie. En una finca particular que dejamos a un lado de la pista central por la que transitábamos nos encontramos con una encina de porte considerable, con un tronco robusto que sustentaba largas y pesada ramas que pueden albergar bajo su copa a todo un rebaño.


En una superficie de terreno compuesta de pinos y algún que otro roble del país, nos dimos cuenta de que no viajamos solos: la piña roída en sus extremidades denota la presencia de roedores en las inmediaciones. Junto al trino de algunas aves, como golondrinas en los tendidos de los cables, estorninos inmutables, gorriones agazapados y un ave rapaz valiente que caminaba por delante de nuestros pasos.

 Metidos de lleno en la estación estival esta Coregüela azulada y rosácea reclama nuestra atención en las lindes del camino. La última superviviente de las de sus especie por estos lares.

 Citamos anteriormente algunas especies que nos acompañaban en nuestro tayecto. El cornejo de la imagen aparece a ambos lados del sendero ascendente, con sus frutos aún de color verde a la espera de su maduración. Otra especie que encontramos introducida, es decir plantada, son las hayas, alineadas como si se tratase de una calle peatonal de cualquier avenida urbana. 

Conforme nos alejamos del entorno rural las flores desaparecían. Como es el caso de la Consuelda menor que aparecía en algunos lindes del camino y durante la prolongada cuesta del camino de San Fausto.

 El Cardo cardador se encuentra en pleno apogeo. Es su temporada y sus colores morados resaltan con sus afiladas espinas que le protegen de sus enemigos hostiles.

 Por otro lado, la Campanilla agrupada resiste loas valientes intentonas de succionar su néctar por parte de los polinizadores que acechan su morada.


Nos despedimos con una imagen copiosa por este pequeño paseo: la Achicoria silvestre, muy abundante en las lindes del camino en esta época, ligeramente humedecida por las gotas de la la lluvia caída. A veces, resulta necesario observar con detalle y descubrir nuevas curiosidades que tenemos  tan cercanas , pero que nos resultan un tanto desconocidas.