lunes, 30 de marzo de 2009

PASABA POR AQUÍ

Bajo este epígrafe comienza una serie de descripciones sobre distintos sitios de nuestra geografía. Donde la naturaleza tiene un papel importante, pero no el principal, aderezado de otros recursos, bien gastronómicos, bien históricos o porque no artísticos.

1.Monte Jata y alrededores.

Partimos de Larraurri, perteneciente al municipio de Mungia, tras un breve recorrido por el barrio se pueden visitar palacios solariegos. Junto con diferentes molinos y otros edificios de corte eclesiástico, como ermitas e iglesia. Tomamos la carretera en dirección Markaida y en una desviación a la derecha encontramos un panel indicativo de nuestra ruta.

Serpenteamos por un entorno rural, rodeado de viviendas de nueva construcción y otras en proyecto, hasta llegar a una pista que vamos subiendo, aproximadamente dos kilómetros y medio hasta llegar a la ermita de San Miguel de Zumetzaga. Las frondosas en este trayecto brillan por su ausencia, a no ser que incluyamos al eucalipto, mezclándose con el pino en las laderas del monte Tailu.
Se trata de una de las más importantes representaciones del románico en Bizkaia. Fue construida en el periodo de transición entre románico y gótico(XII-XIII), comenzando su descubrimiento y estudio en el siglo XIX.
La ermita consta de una sola nave y sus muros están reforzados con contrafuertes. Consta de tres entradas de diferentes épocas; la más antigua es la que da al sur, mientras que las entradas Norte y Oeste están protegidas por un pórtico.



En el ábside se abre una ventana de arco apuntado de gran valor. En los capiteles exteriores apreciamos una figura antropomorfa rodeada de brazos vegetales, helechos y piñas, acantos y una máscara humana que tiene varias interpretaciones: imagen didáctica del pecador atrapado por sus pasiones; figura de la mitología celta como representación masculina de la naturaleza.

Un arco apuntado divide en dos partes la ermita, con bóvedas de cañón. Los capiteles están adornados con motivos vegetales. Unas tallas populares acompañan a la imagen principal de San Miguel Arcángel de estilo barroco. Este aparece encima del diablo con una espada en una mano y una balanza para el pesaje de almas en la otra.
Por Zumetzaga pasaba un camino medieval que comunicaba Bermeo y Bakio con Mungia. Esta ruta servía también a los peregrinos que lse acercaban en barco a Bermeo y de allí a Bilbao, pasando una de sus dos rutas por Zumetzaga: Bermeo-Gaztelugatxe-San Pelayo-Zumetzaga. Desde esta última se bajaba hasta Larrauri y por el alto de Elordui se llegaba a Mungia, desde donde se tomaba rumbo a Bilbao pasando por Laukariz y Zamudio.En la actualidad el GR 280 de Uribe transita por este enclave y nos permite llegar a la costa, rememorando tiempos pasados.

Una señal en madera tratada nos indica el camino de ascenso hacia el monte Jata, verdadera atalaya de la zona. Una dura y prologada pendiente de ascenso, cerca de 2 km. Nos conduce hasta la cima.

Un arco imaginario trazado por un pino a medio caer, nos recibe en la proximidad de la cumbre, con el repetidor en primer plano y al fondo un poste en la cima del monte Jata.
Con un día despejado, las vistas resultan muy gratificantes, para los más osados. En la lontananza, Bakio y San Juan de Gaztelugatxe, esperan la instantánea apropiada desde esta perspectiva. Volviendo la vista hacia otro punto, deshacemos con la mirada perdida, el camino de subida, más sosegados y con cierto resoplo.
Los cultivos forestales son omnipresentes desde esta panorámica, aderezados con pequeñas manchas de pradería en el entorno rural y un rodal de roble autóctono confundido entre tanto ejemplar alóctono.


Cercanos a la hora de comer, la ruta puede continuar hasta la cercana localidad de Bakio, en un ligero descenso y regresar en el transporte público hasta Larrauri o retomar la senda de subida. Esta vez bajando sigilosamente y con prisa para saciar a las tripas como bien decía el lazarillo Lucas Trapaza:

“Callaos condenadas que me vais a delatar”.

Un último detalle, como la resina se desprende gota a gota de la rama fragmentada del pino que nos recibió como anfitrión, demostrando que no todo es malo en los cultivos forestales, a veces tiene recompensa.