domingo, 6 de febrero de 2011

EL BOSQUE EN SU ESPLENDOR


La sombra del ciprés es alargada de Miguel Delibes, pag. 231 Ed. El Mundo, 2001:
“Penetré en la espesura por un senderillo derecho y empinado. En realidad sería difícil precisar por qué denominaban a estos bosques la Castañera. Allí hay árboles de cien especies distintas, con un verdor abigarrado y explosivo. Junto al castaño alzan su recubierta anatomía el arce y el nogal, el olmo y el abedul; aparte de un frondoso eucalipto que se yergue magnífico, como presidiendo el verde concilio. Es agreste y salvaje el lugar. Los arbustos, los helechos, el hiriente acebo me dificultan extraordinariamente la marcha agarrándose a mis piernas. He penetrado finalmente, en silencio, sin ruido. Nadie se ha sorprendido. Tan sólo una rendaja, siempre escamona, ha escapado veloz con sus plumas azules al viento. Una pareja de ruiseñores me contempla curiosa desde una rama sin interrumpir el iniciado concierto. Bullen y trinan al unísono los pequeños habitantes de aquella selva. El ágil verderoncillo, el armonioso jilguero, el pardo malvís y hasta el pimentonero microscópico, alzando su cabecita con aires de gran señor, mostrando vanidoso la roja mancha de su plumaje. En su descompasada melodía hay un no sé qué de armonía perfecta.
Inevitablemente me he moivido y he hecho ruido. Cada cual ha tirado por su lado, batiendo difícilmente sus alas entre el enmarañado ramaje…
El bosque se me presenta cada vez más intrincado. Las mariposas sorprendidas en su siesta se desperezan al aire, evidenciado su policromía vistosa; el saltaprados estira sus largas zancas y brinca lejos de mí: mosconean, monótonos, los abejorros en todas partes.
Discurre a mi lado el agua cristalina de un pequeño regato. De trecho en trecho se esconde entre la maleza para reaparecer más tarde custodiado por dos hileras de rígidos juncos.”